Abraham se sienta en la arena caliente y cuenta las estrellas una por una. 'Una, dos, tres…' dice en voz alta.
Un suave viento del desierto mueve su capa de lana mientras las estrellas brillan como pequeñas luces de fuego.
De pronto, una estrella se desliza del cielo y aterriza suave cerca de Abraham, dejando un rastro de polvo dorado.
La estrella le susurra algo al oído, pero Abraham no entiende las palabras — solo siente paz.
Abraham se levanta y camina hacia las montañas lejanas, buscando a quien le habló.
Cada paso deja una huella en la arena, y al llegar a la cima, las estrellas brillan más fuertes que nunca.
'Voy a contarle a todos', murmura Abraham, acariciando la estrella que ahora brilla en su mano.
Una noche, Abraham se sienta bajo el cielo y señala las estrellas a un niño que lo escucha con los ojos curiosos.
El niño ríe cuando una estrella parpadea y hace como que salta de nuevo al cielo.
Abraham sonríe, recordando la promesa que nunca olvidará.
Años después, los nietos de Abraham también se sientan en la arena y cuentan las estrellas.
El desierto está tranquilo, las montañas son siluetas oscuras, y el cielo sigue lleno de luces que brillan para siempre.