Amigos Científicos

"Amigos Científicos" es un libro ilustrado en estilo Acuarela protagonizado por un gatita atigrada, por Yessenia Marin, para Edades 6–9 — creado con Doodara, el creador de cuentos con IA

por Yessenia Marin · Acuarela · Edades 6–9 · gatita atigrada · 10 páginas

curious, brave, helpful

amistad y trabajo en equipo

En el laboratorio, Tigris empujó una lupa sobre la mesa. Entre matraces, pinzas y frascos, el tubo de ensayo azul comenzó a vaciarse, gota a gota. «Plip… plip…».

Un diminuto «¡plop!» hizo que Tigris frenara la pata. Miró debajo de la mesa, luego detrás del soporte. «¡Necesito ayuda!», llamó al conejito blanco de nariz negrita, que apareció entre dos frascos.

Juntos encontraron huellas brillantes que serpenteaban entre matraces y pinzas. El conejito olfateó el suelo y señaló un conducto estrecho. Tigris se estiró, pero el metal vibró: «clinc, clinc».

Tigris no podía mirar dentro del conducto y dio un golpecito impaciente. El conejito escuchó otro «clinc, clinc» desde el lado opuesto. Se miraron y eligieron caminos distintos: uno por delante, otro por detrás.

Tigris levantó una caja de herramientas para alcanzar el conducto. ¡Cataplum! La tapa saltó y las cucharillas rodaron por todas partes. El conejito atrapó una con las orejas, justo antes de que chocara con un matraz.

Después de recoger las cucharillas, siguieron las huellas hasta una máquina baja, cubierta de polvo azul. Allí terminaban, justo bajo una rejilla. Tigris levantó una esquina; el conejito encontró una palanca roja.

Apartaron la máquina justo cuando el último tubo empezó a vaciarse. Una burbuja enorme salió disparada con un «¡fuuuup!» y los envolvió como una esfera flotante. Tigris sujetó la pinza; el conejito tiró de la palanca.

La palanca bajó. La pinza tocó la burbuja. «¡Plof!». La esfera estalló en gotitas brillantes y dejó caer el tapón perdido. Un ventilador diminuto seguía succionando desde la máquina.

Tigris colocó el tapón en el tubo de ensayo. El conejito limpió las huellas con un paño. Entonces sonó «glu-glu», y el líquido azul volvió a subir, despacio y brillante.

Tigris miró las herramientas ordenadas junto a las del conejito. «La mejor fórmula fue trabajar juntos». Una cucharilla rodó hasta sus patas. Los dos se echaron a reír.

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