Junto al volcán, Brunilda agitó su varita. Un remolino de flores voló hacia el dinosaurio entre los helechos.
¡Puf! Las flores explotaron en una nube de polen. Brunilda estornudó: «¡Achís!»
El dinosaurio salió corriendo entre los helechos gigantes. Brunilda bajó la varita y pensó: «Probaré otra vez».
Brunilda convirtió una piedra en una corona brillante. Se la ofreció al dinosaurio: «Toma, prueba esta»»
El dinosaurio se puso la corona, tropezó y la llenó de agua. Brunilda bajó la varita mientras crujían las hojas.
Brunilda lanzó un tercer hechizo. «¡A bailar!» Las rayas de colores aparecieron, pero el dinosaurio corrió hacia el bosque mágico.
Brunilda pisó sus huellas y lo siguió. Las ramas susurraron: «Shhh, shhh»
El dinosaurio encontró un tronco sobre un charco de barro y saltó. Brunilda saltó detrás, pero cayó de golpe: ¡Plaf!
Brunilda se levantó cubierta de barro y soltó una carcajada. El dinosaurio volvió y golpeó el tronco con la cola.
Brunilda guardó la varita y golpeó el tronco. El dinosaurio volvió a saltar: «¡Otra vez!»
Brunilda corrió junto al dinosaurio por el valle. Saltaron sobre piedras y rodaron entre helechos enormes.
Compartieron la corona como cuenco. Cuando el volcán hizo «¡Pum!», ambos rieron y siguieron jugando, tal como eran.