La bruja del bosque negro atraviesa las puertas del castillo y clava su bastón en el suelo. Una sombra verde se eleva y envuelve a la princesa Aurora, quien se detiene en medio de un giro de vals. 'Aurora se dormirá al cumplirse su decimoquinto año', dice la bruja, y su voz suena como ramas secas rompiéndose.
La anciana bruja levanta su bastón retorcido y lo golpea contra el suelo de piedra. Una nube verde y espesa brota de la madera y se arremolina en el aire. 'Aurora se dormirá al cumplirse su decimoquinto año', susurra la bruja, y su voz cruje como ramas secas.
La princesa Aurora cae dormida en medio de su vals. La princesa Aurora yace sobre un lecho de rosas secas con una expresión serena en su rostro.
Aurora corre por los pasillos gritando el nombre de su madre, pero las puertas se cierran solas y las velas se apagan una por una. El reino entero se sume en un sueño profundo: los caballos se detienen en medio del galpón, los pájaros cuelgan sin moverse en el aire, y el viento deja de susurrar entre los árboles del bosque mágico.
Un príncipe de un reino lejano empuja las ramas espinosas del bosque encantado mientras avanza hacia el castillo. Las espinas se retuercen y casi lo atrapan, pero él sigue empujando con fuerza, con los ojos fijos en la torre más alta donde brilla una luz tenue. 'Voy a despertarte', murmura, y sus botas crujen sobre hojas secas.
El príncipe encuentra a Aurora tendida sobre un lecho de rosas secas, con una expresión serena en su rostro. Se inclina lentamente y la besa, y entonces el castillo entero tiembla: las rosas florecen al instante, las velas se encienden con un chisporroteo, y el aire se llena del sonido de mil campanillas.
Aurora abre los ojos y sonríe. Aurora se incorpora y extiende la mano hacia el príncipe; sus dedos se entrelazan mientras los tejados del castillo empiezan a canturrear suavemente.
El bosque mágico exterior brota de colores imposibles y los pájaros que habían quedado congelados en el aire ahora cantan en coro. El reino ha despertado, y la princesa Aurora camina hacia la ventana con pasos firmes, mirando el horizonte teñido de rosa y dorado.