El sol se está escondiendo y el cielo se pone naranja. Madyson lleva a cada juguete de vuelta a su casita: los bloques a la caja, el tren a la estación. «¡Hasta mañana, juguetes!»
¡Hora del baño de burbujas! Las burbujas vuelan como nubecitas blancas. Madyson junta un montón en las manos y sopla: ¡fuuu, a volar! Hasta el patito de goma surfea la espuma.
¡Pijama de estrellas puesto! ¡Capi Estrella Madyson, a la orden! Manos en la cintura y barbilla bien alta. La misión de esta noche: cuidar todos los sueños bonitos.
¡A lavarse los dientes! Arriba y abajo, por aquí y por allá. En el espejo aparece un bigote de espuma… ¡ji, ji! Pronto todos los dientes brillan como soles.
Un vaso de leche tibia… glup, glup. Un solecito se enciende en la barriga, calentito, calentito. Afuera, la primera estrella de la noche le guiña un ojo.
Madyson también arropa a su osito, con la mantita hasta la barbilla. «A dormir, osito. Dulces sueños: yo estaré aquí, a tu ladito».
«Buenas noches, cochecito. Buenas noches, bloques. Buenas noches, conejito». Madyson les dice adiós con la mano, despacito, despacito. «Buenas noches a todos. Hasta mañana».
Afuera sube la luna, grande y redonda, y su luz de plata baña la ventana. «Esta noche la luna nos cuida», susurra Madyson, con la barbilla entre las manos.
Madyson se mete en la cama: qué blandita, qué calentita. El osito ya espera en la almohada. Y entonces llega un bostezo enoooorme… ¡aaah! Los ojitos empiezan a pesar.
Shhh… Madyson ya se ha dormido, abrazando a su osito, con una sonrisita en la cara. En su sueño flotan nubes blanditas y estrellas que parpadean despacio. Buenas noches, Madyson.