¡Hola! me llamo Jiro y tengo 5 años. Esta es la historia de como un día tuve que irme de mi hogar porque, de repente, el agua empezó a llenar las calles y las tormentas sonaban fuerte. Algunos días, la lluvia cambiaba nuestros planes y teníamos que quedarnos en casa.
Un día, mi familia y yo emprendimos un viaje para comenzar una nueva etapa. Guardé mi juguete favorito en la mochila, pensando a dónde iríamos con bastante tristeza, aunque también tenía muchas ganas de descubrir el mundo.
Después del viaje, llegué a las Islas Canarias. ¡Qué sorpresa! Había un océano enorme, montañas, playas y tierras de muchos colores. Todo era diferente y yo quería conocerlo todo.
En mi nueva escuela conocí a Gara. —¡Hola, Jovi! ¿Quieres descubrir mi isla conmigo? —me preguntó. Sonreí. Aquel día, además de un lugar nuevo, encontré una amiga.
Gara me llevó a mirar las montañas. ¡Parecía que tenían un mar blanco a sus pies! —Son nubes que trae el viento alisio —me explicó —. A veces, el viento empuja las nubes hacia las montañas y deja mucha humedad. ¡Parecen nubes viajeras!
Otro día descubrimos un lugar soleado junto al mar. ¡Qué diferente era! En algunas zonas había más nubes y plantas verdes; en otras, más sol y dunas de arena. —En Canarias, el tiempo puede cambiar mucho de un lugar a otro —dijo Gara—. ¡Cada rincón es una sorpresa!
Le conté a Gara cosas de mi antiguo hogar y ella me habló de las fiestas, los paisajes y los lugares que más quería de Canarias. Nuestros hogares eran diferentes, pero los dos teníamos recuerdos, sueños y muchas cosas que compartir.
Después de las fiestas del pueblo, Gara me enseñó un mapa. —¡Mira, Jovi! ¡Canarias tiene ocho islas! —me dijo. ¡Ocho! Abrí mucho los ojos. Gara señaló cada una con su dedito. —¿Quieres conocerlas? —¡Sííí!
Nora me enseñó fotos de las islas. En Tenerife, vimos el gran Teide. En Gran Canaria, había montañas y playas. En Lanzarote, la tierra parecía pintada de negro y rojo. En Fuerteventura, el viento jugaba con la arena. —¡Cada isla es diferente! —exclamé
A veces echo de menos el lugar donde vivía, pero aquí tengo una amiga con quien explorar. Las nubes viajan por el cielo y las personas también podemos viajar. Cada persona tiene su historia y todas merecemos cariño, respeto y amistad.