Caramélo empuja la puerta. Resbala.
Todos corren. Menos uno. Rodillas apretadas.
« ¡Ey! » Salpica barro.
El niño retrocede. Caramélo resopla, orejas planas.
Una hoja cae en la palma. Se arruga.
« ¡Una hoja! »
« ¡Wheek-rheek! » Los labios se alzan.
Caminan. Caramélo grita entre el ruido.







