En un prado soleado junto al río, dos hermanos terminan sus casas en segundos. '¡Ya está!', gritan y corren a jugar. Pero el cerdito más pequeño sigue colocando ladrillos uno por uno.
Coco coloca cada ladrillo con cuidado. Los hermanos ya juegan en el prado. Él sigue trabajando, sin importarles que tarde más que todos.
Entre los árboles aparece un lobo grande. Inhala profundo y silba — ¡pum! La casa de paja vuela. ¡Paf! La casa de madera se hace añicos.
Los hermanos corren y corren. El lobo les pisa los cascos. '¡A la casa de Coco!', grita uno, mientras el otro empuja la puerta de madera.
Los hermanos tocan la pared fría y sólida. '¡Entren!', dice Coco abriendo la puerta. Los tres entran justo cuando el lobo golpea la pared con su hocico.
El lobo silba y silba hasta que su barriga ruge. Sacude las puertas y las ventanas, pero los ladrillos ni se mueven. Se tumba agotado y se queda dormido.
A la mañana siguiente, el sol brilla sobre la casa de ladrillo. Los tres hermanos salen a la luz. El lobo ronronea suavemente contra la pared.
Los hermanos mayores ayudan a Coco a plantar flores alrededor de las paredes nuevas. Los cuatro se sientan juntos a desayunar en el prado verde.