Dayanna se arrodilló junto a la semilla seca. Le susurró: "Te quiero". El suelo tembló suavemente.
Un tallo verde brotó con un chasquido. Dayanna lo tocó con cuidado. "¡Hola, amigo!" pensó.
Abrazó fuerte a la anciana. El delantal crujió, y ¡pum! — una rosa roja salió de él.
Le susurró algo a Tomás. De su mejilla húmeda, una mariposa azul voló. "¡Mira!" dijo.
Frotó al gato negro junto al pozo. Ronroneó, y de sus bigotes brotaron flores doradas.
Corrió al jardín y se tiró entre las plantas. Abrazó todo. La tierra tembló.
Miles de flores explotaron. Doradas, rojas, azules. ¡Todo a su alrededor!
Cada mañana, Dayanna salía con besos y abrazos para dar. El pueblo florecía con alegría.