Alex apaga la pantalla de su tableta. La habitación se queda en silencio. Solo se oye un zumbido lejano de coches en la calle.
La mano de Alex busca el botón de encendido. Clic. La pantalla se apaga y la habitación se llena de silencio.
Alex se levanta y corre hacia la ventana. Abre los pomos con esfuerzo. ¡Cree! El aire entra con olor a césped recién cortado.
Un pajarito canta desde el árbol del jardín de al lado. Alex sonríe. Se pone sus zapatillas y abre la puerta.
La puerta se cierra con un clic. Alex baja los escalones hacia la calle. El sol le calienta la cara.
El camino del parque está lleno de hojas secas. ¡Crunch, crunch! Alex las pisa con ganas. Un columpio vacío se balancea solo.
Alex sube al columpio y se impulsa con fuerza. Las hojas vuelan a su alrededor. El columpio sube y sube.
El viento le acaricia la cara. Las nubes pasan rápido, pasando. Alex las imagina naves espaciales.
Las naves espaciales vuelan entre las ramas. Alex ríe. El columpio gira un poco más alto.
El columpio se detiene despacio. Alex baja y mira el cielo. Las naves ya no están. Pero el parque sigue ahí.
Alex corre de vuelta a casa. Sus zapatillas golpean el suelo. ¡Crunch, crunch! La tableta espera en la mesa.
Alex deja la tableta en la mesa. Corre de nuevo hacia la puerta, con una sonrisa que no se le borra.