El atlas perdido

"El atlas perdido" es un libro ilustrado en estilo Acuarela protagonizado por un niña de 7 años, por Guest, para Edades 6–9 — creado con Doodara, el creador de cuentos con IA

por Guest · Acuarela · Edades 6–9 · niña de 7 años · 8 páginas

curious, helpful, brave

Curiosidad y trabajo en equipo

Miri abre la estantería baja. Solo un hueco vacío. La placa de metal aún marca la huella de una etiqueta despegada. «¿Dónde está?», pregunta. Detrás de ella, veintitrés voces repiten la palabra a la vez. El crujido de las sillas del patio resuena débil por el pasillo.

Una nota adhesiva azul, arrugada en la esquina, cuelga del lomo de un libro de poesía. Miri la pellizca y la desengancha despacio. La dobla con el pulgar y la pega sobre la mesa central. Los veintitrés compañeros se ordenan en un círculo.

La tercera encuentra una goma celeste colada entre dos ejemplares de ciencias. La séptima, una esquinita de papel doblado en geografía. El olor a tinta vieja y a madera pulida se espesa. Todos levantan la mirada. Ahí, entre dos tomos pesados, un borde azul parpadea.

Está a tres metros del suelo. Miri acerca el trípode de madera; cruje y se inclina hacia un lado. «No llego», dice la compañera más alta. Las veintitrés cabezas se apilan, todas mirando el mismo borde azul entre los lomos. Nadie se mueve.

Miri señala la nota que lleva en la mano. En letra diminuta, alguien escribió: «sube más». Clava la lengua en la mejilla. Mira el trípode. Grita: «¡Cada uno, un paso atrás y uno adelante, al tres!». Las veintitrés manos golpean el suelo del mismo lado al unísono.

El trípode tiembla. La base se levanta un centímetro. El atlas salta con un pof seco, como un tapón que cede, y cae de cara sobre la alfombra gris. Thump. Sordo. «¡Estaba clavado!», ríe Miri. El grupo entero ríe con ella, aplastando la carcajada contra los lomos cercanos.

Miri abre el atlas a la página de las montañas. Alrededor de la mesa larga, cada niño coloca un dedo sobre un libro distinto: la enciclopedia, el diccionario, las fotonovelas del rincón. «Uno por turno, cada semana», anuncia. La compañera del fondo asiente y le pega un trozo de celo azul a su ejemplar de matemáticas.

El patio suena abajo, lejano, como un murmullo de recreo. Las veinticuatro manos se retiran una a una, dejando los libros en fila sobre la madera pulida. La nota adhesiva, ya lisa y sin arrugas, cuelga del lomo del libro de poesía. El trípode descansa contra la pared, quieto.

Doodara

El atlas perdido

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