Tilo y el conejo caminan por el sendero del bosque. Las hojas crujen bajo sus patas.
De repente, una bellota brillante rueda frente a ellos. ¡El conejo sale disparado!
El sendero desaparece. Frente a ellos, montañas doradas por el atardecer.
Quieren volver, pero el viento se lleva las huellas del conejo.
Intentan seguir el canto de un pájaro, pero el ave vuela hacia un arbusto espinoso.
El conejo levanta las orejas y señala una roca extraña. Tilo la toca: está fría y lisa.
El sol se pone. La montaña se vuelve azul. El conejo tiembla.
Tilo abraza al conejo. Juntos encuentran un sendero de piedras que brillan levemente.
Siguen las piedras, pero una rueda colina abajo y se detiene junto a un árbol viejo.
Corren hacia el árbol y ven su casa entre las raíces. ¡Están en casa!
El conejo se relaja. Ambos se sientan a compartir una bellota.
El bosque huele a tierra húmeda y a pino. El cielo se pinta de naranja y rosa.