Al salir del jardín, Carito corrió hacia la calle. «¡Carito, por la vereda!», llamó la maestra.
Carito frenó justo antes del cordón. Sus zapatitos rasparon el suelo mientras miraba el camino de regreso a casa.
Carito caminó junto a la pared, sin bajar de la vereda. Una bicicleta pasó: «¡Ring-ring!»
La bicicleta pasó muy cerca. Carito se pegó al lado seguro y sostuvo fuerte su mochila.
En la esquina, el semáforo estaba rojo. Carito esperó junto a la maestra.
El semáforo cambió a verde. La maestra tomó la mano de Carito, y juntas miraron a un lado y al otro.
En la otra esquina, un auto comenzó a retroceder. «¡Bip, bip, bip!»
Carito dio tres pasos hacia atrás y levantó la mano. La maestra esperó hasta que el auto se detuvo.
Carito apretó su mochila. «Me alejo cuando un auto retrocede», dijo.
Carito y la maestra siguieron por la vereda. Al ver otra esquina, Carito se detuvo y buscó su mano.