El pesado péndulo del reloj de abuelo oscilaba de un lado a otro. Bong, bong, bong. La medianoche resonaba en la casa silenciosa. Un anillo perfectamente redondo de luz dorada se encendió suavemente sobre la alfombra del dormitorio.
Eleanor asomó lentamente su cabeza sobre su gruesa colcha. ¡Abajo, en la alfombra, su león de peluche estaba de pie sobre dos patas peludas! Se sacudió su abrigo de terciopelo y sacó un pequeño sombrero de copa de la nada.
Contuvo la respiración, temiendo que el más mínimo sonido terminara la magia. Motas de polvo plateado flotaban y danzaban dentro del rayo resplandeciente. El artista inclinó su sombrero hacia la cama en un saludo silencioso.
El gran espectáculo había comenzado. El león equilibró un bloque de letras de madera en su nariz, girándolo rápidamente. A su lado, tres dinosaurios de plástico rodaron en una línea perfectamente recta.
Eleanor presionó su mejilla contra la fresca funda de almohada de algodón. Una enorme sonrisa se extendió por su rostro. Click-clack, click-clack. Las duras garras de plástico sonaban suavemente contra las tablas de madera del suelo mientras los pequeños acróbatas hacían volteretas.
La habitación se llenó de un repentino y bullicioso sonido de zumbido. Un brillante coche de juguete rojo avanzó justo al centro del anillo iluminado. El león retrocedió y apuntó con una pata de terciopelo hacia el ruidoso vehículo.
El coche de lata aceleró por una empinada rampa hecha de libros ilustrados apilados. Con un repentino estallido, la rampa lanzó a una pequeña muñeca de trapo alto por el aire.
La valiente muñeca hizo tres volteretas mareantes sobre el suelo del dormitorio. Se tambaleó sobre sus pies de tela plana por un segundo, luego aterrizó perfectamente sobre los hombros de terciopelo del león. Eleanor exclamó en voz alta, rápidamente cubriendo su boca con ambas manos.
Los fantásticos acróbatas se volvieron hacia la cama. Unieron sus cortos brazos con gracia y tomaron una última reverencia juntos. De pie en las sombras silenciosas, esperaban su aplauso.
"Bravo," susurró Eleanor cálidamente en la oscura habitación. Los pequeños artistas saludaron justo cuando el brillante rayo mágico se desvaneció. Se cubrió con la pesada manta hasta la barbilla, dejando que sus pesadas pestañas se cerraran.