El Dragón del Castillo

"El Dragón del Castillo" es un libro ilustrado en estilo 3D redondeado protagonizado por un dragón guardián, por Guest, para Edades 6–9 — creado con Doodara, el creador de cuentos con IA

por Guest · 3D redondeado · Edades 6–9 · dragón guardián · 8 páginas

brave, helpful, gentle

valentía, amistad y protección

La tormenta sacudió las montañas y un relámpago hizo temblar las ventanas del castillo. Brumafuego extendió sus alas frente a la princesa, cubriéndola mientras unas sombras avanzaban por el patio. Ella apretó su lámpara dorada. «¿Qué son?» Afuera, los truenos retumbaron entre las torres.

La puerta principal comenzó a golpear: «¡Pum, pum, pum!» Brumafuego descendió al patio y rugió hacia las sombras. El viento les daba vueltas como capas gigantes, y la princesa corrió detrás con su lámpara. Brumafuego alzó una garra. «Quédate dentro».

La lluvia repiqueteó sobre las piedras. Entonces una sombra tropezó y cayó de cabeza dentro de un barril vacío: «¡Clonc!» La princesa se asomó, y encontró huellas embarradas junto a paquetes, mapas y una brújula rota. Brumafuego siguió aquel rastro hasta la puerta exterior.

Una voz gritó desde la niebla: «¡No somos monstruos! ¡Estamos perdidos!» Entre la bruma plateada aparecieron tres viajeros empapados. Uno estornudó tan fuerte que su sombrero salió volando. La princesa levantó la lámpara, y los viajeros alzaron las manos para mostrar que no llevaban armas.

Brumafuego abrió las rejas con sus garras y guió a los viajeros hacia el gran salón. La princesa extendió los mapas sobre la mesa e iluminó sus caminos con la lámpara. Por primera vez, el patio dejó de parecer un lugar de monstruos: solo quedaban lluvia, barro y pasos apresurados.

Un trueno apagó todas las velas. En la oscuridad sonaron golpes temblorosos: «Toc, toc». La princesa escuchó junto a la mesa y dijo: «Primero, que entren. Después, preguntamos». La tormenta golpeó con más fuerza, pero el castillo ya no parecía vacío.

Brumafuego se colocó junto a la puerta mientras la princesa repartía mantas secas. Los viajeros señalaron en el mapa el camino de regreso: un paso estrecho, un bosque oscuro y un puente de piedra. Cada indicación acercaba la mañana, aunque afuera la lluvia todavía golpeaba los tejados.

Al amanecer, las nubes se separaron sobre las montañas. Brumafuego dejó de rugir y ofreció su cola como puente para cruzar el patio mojado. Los viajeros rieron al subir, y la princesa caminó a su lado, escuchando cada indicación. El camino de regreso comenzaba más allá de las rejas.

Doodara

El Dragón del Castillo

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