En la plaza, Gabriel coloca piedras en círculo.
Una pelota roja rueda hasta él. '¿Puedo poner una?' pregunta la niña.
Él le da una piedra azul. Ella la coloca con cuidado, dando un pequeño salto.
Juegan a hacer torres con las piedras. Las apilan alto, muy altas.
Pero Daniela pone flores encima. Las flores son suaves y perfumadas.
La torre tambalea y cae. Gabriel suspira y comienza de nuevo.
De pronto, una mariposa azul se atasca entre las piedras.
Gabriel se agacha y mueve una piedra con cuidado. Daniela le ofrece una flor roja.
La mariposa se libera y vuela alrededor de sus cabezas. Les hace cosquillas en las mejillas.
Ahora juegan juntos todos los días. Gabriel pone piedras, Daniela pone flores.
Crean un círculo brillante. La plaza huele a flores y tierra mojada.
Se ríen y juegan hasta que el sol se pone.