La lluvia golpea los techos de la ciudad pequeña. El viento agarra las ramas y les saca un silbido agudo. Todo tiembla.
Fáris corre con los brazos bien abiertos y grita al viento: «¡Te voy a calmar!» La lluvia le pega en la cara y su chaqueta ondea enorme detrás de él.
Se detiene. Inclina la cabecita. Entre las rachas de agua, se oye una vocecita: «Pío... pío...»
Mira hacia arriba. Un pajarito en una ramita delgadísimas, las plumas empapadas pegaditas al cuerpo, temblando. «¡Pío!» grita el pajarito.
Fáris se desabrocha la chaqueta y dice: «Espera aquí, no te muevas.» El pajarito inclina la cabecita y su alita tiembla.
Fáris trepa de rama en rama. El árbol se inclina y se mece con el viento. Sus deditos sujetan con fuerza la madera mojada.
Envuelve al pajarito en su chaqueta. El pequeñín estornuda: «¡Juju!» Y luego se acurruca en la tela y se calma. Una gota... otra gota... silencio.
Por la noche, todas las ventanas de la ciudad se encienden y aplauden. Fáris está de pie junto al jardín, su chaqueta empapada gotea, y les saluda con la mano. Los aplausos no paran.