Al final del callejón hay una casita. Sus ventanales brillan con luz dorada.
Gabriel toma la mano de Daniela y sonríe. La casa vacía los espera.
Daniela trae flores del jardín vecino y las coloca en los maceteros. Las risas llenan los pasillos.
Gabriel dibuja un sol en la pared con tizas de colores. La casa se llena de risas.
Gabriel encuentra una semilla brillante entre la tierra. ¡Brilla en la palma de Daniela!
La siembran juntos. En un momento, una enredadera con flores doradas crece hasta el techo.
La casita se llena de luz, flores y un calor suave. Daniela y Gabriel se sientan en el suelo.
Se toman de las manos. La casa susurra: aquí estamos en casa.