Leo aprieta su lápiz contra el papel blanco. La punta se rompe con un chasquido seco. El ruido hace que salte de su silla, sobresaltado por la repentina quietud del aula vacía.
Busca otro lápiz entre los desordenados cuadernos bajo su escritorio. Intenta dibujar una nave espacial, pero la tinta se corre formando una mancha gris que parece un monstruo sonriente.
Leo frunce el ceño y frota el papel con fuerza, creando una textura rugosa bajo sus dedos. Decide probar una técnica diferente para controlar el caos de la tinta.
Usa cinta adhesiva para crear bordes perfectos en la página, pegando trozos de papel de colores que brillan bajo la luz tenue. La superficie queda plana y brillante al tacto.
La superficie queda plana y brillante al tacto, invitándolo a seguir adelante sin miedo a los errores. Siente que la página cobra vida propia bajo sus manos.
De repente, las ilustraciones parecen moverse solas; un cohete de papel despega flotando hacia el techo con un zumbido suave. Leo parpadea rápidamente, frotándose los ojos cansados.
Mientras observa cómo el dibujo se escapa de la encuadernación, el libro ahora tiene más páginas de las que él recuerda haber creado. Su mente gira ante la magia invisible.
Cierra el libro lentamente, sintiendo el peso firme y nuevo en sus manos húmedas por el esfuerzo. Una sonrisa amplia se dibuja en su rostro mientras acaricia la portada creativa.