Gavrilo corre por las calles empedradas de Sarajevo con un papel arrugado en la mano. El sol caliente brilla en su nuca y huele el pan recién horneado.
Se detiene frente al hombre de uniforme brillante. El hombre no lo mira; sus botas repiquetean sobre la piedra. Un perro ladra desde una puerta.
Un carro de frutas pasa y las manzanas ruedan por el suelo. El hombre del uniforme se ríe. Gavrilo recoge una manzana y la muerde.
Gavrilo ve al hombre subir a un coche abierto y corre tras él. Grita algo fuerte. El coche se detiene y el hombre baja, sorprendido.
El hombre se asoma desde el coche. Gavrilo extiende el papel con ambas manos. El hombre lo toma y lo lee.
El hombre lee el papel. Su cara cambia. Las calles de Sarajevo se llenan de voces y pasos apresurados.
La gente corre por las calles. Alguien grita. El hombre del uniforme se aparta del coche y mira al muchacho.
Gavrilo se queda quieto, mirando el papel vacío en sus manos. Las calles de Sarajevo giran a su alrededor.