Cobi entró al granero. Su ladrido sonó fuerte: ¡guau!
La caja estaba vacía. De pronto, un plumón blanco rodó hasta su patita.
Cobi siguió el rastro de plumas. Lo llevó hasta una cortina vieja.
Detrás de la cortina, Mantequillo empujaba con la nariz un hueco oscuro.
¡Dentro! Pollitos arrastraban huevos como si fueran carretitas.
Mantequillo resopló riendo. Cobi sacudió las orejas. Los pollitos se congelaron.
Sin decir nada, Cobi se puso en fila. Empujó un huevo con la nariz.
¡A correr! Los pollitos salieron en estampida, y la gallina giraba inquieta.
Llegaron al granero. ¡Todos juntos, colocaron los huevos en la caja!
La gallina llegó. Posó las patas y acomodo los huevos satisfecha.
Cobi se sentó junto a Mantequillo. Los pollitos hicieron carreras sobre sus lomos.
Una pluma blanca flotó y se posó sobre la patita de Cobi.