Lunita y sus amigos entraron al aula. El mural tenía una nube sin pintar y un gran espacio vacío.
Lunita levantó un pincel. ¡Tin, tin! La campanita de la puerta sonó y todos corrieron a mirar.
Lunita pintó una nube azul. ¡Zas! El pincel saltó y dejó una raya hasta el suelo.
Los niños rieron al ver la mancha larga. «¡Necesitamos trabajar juntos!», dijo Lunita, buscando materiales.
Lunita sostuvo el papel. Sus amigos dibujaron árboles, flores y juegos del patio.
Un bote rodó. ¡Plop! Dejó huellas de colores por la biblioteca hasta llegar al jardín.
Lunita y sus amigos siguieron las huellas. Encontraron el bote junto a las flores del jardín.
Convirtieron las marcas en un camino de arcoíris para el mural. ¡Rojo, amarillo, verde, azul!
Al levantar el último dibujo, el papel se despegó. Cayó sobre todos como una enorme capa de colores.
Lunita y sus amigos colgaron el mural terminado. Juntos miraron las nubes, los árboles y el camino arcoíris.