Machelle da palmaditas a su almohada. Da palmaditas a la manta. Levanta la sábana. Su osito de peluche no está allí.
Sus coletas se caen. El broche con lazo cae sobre el colchón. Susurra: «¿Adónde te fuiste?»
Machelle entra de puntillas en la cocina. Revisa el recipiente de la harina, el frasco del azúcar y el fondo del cubo de reciclaje.
Golpea el refrigerador con su zapato. Una abeja zumba por el jardín. Nada.
Cruza los brazos. Respira hondo. «No lo encuentro», le dice al jardín vacío. Luego se da la vuelta y regresa a la casa.
Machelle tira de la manga de su mamá. «Mi osito ha desaparecido». Su mamá sonríe. «Vamos a buscarlo juntas».
¡Lo encuentran! Está metido dentro de una funda de almohada, sobre el sofá. Debió de rodar hasta allí mientras Machelle dormía.
Machelle abraza a su osito. Lo aprieta con fuerza. El sol brilla a través de la ventana y todo está bien.