Lunita empuja la puerta del aula. ¡PLOP! Una caja de crayones rueda por el suelo, mientras suena: «¡Tilín, tilín!»
Lunita mira los juegos y las mesas desde la entrada. Todo parece grande, ruidoso y listo para comenzar.
Lunita camina despacio entre los bloques. Toca una torre de madera y… ¡cataplum!
Lunita recoge el bloque en silencio. Bajo sus zapatos, el piso cruje: «Cric, cric».
Lunita se sienta frente a una hoja. Los lápices quedan lejos, junto a la niña compañera.
La niña compañera acerca su caja. «Podemos compartir». Lunita toma un lápiz amarillo.
La punta raspa el papel: «Ras, ras». Aparece un sol redondo, grande y amarillo.
Lunita dibuja junto a la niña compañera. Dos lápices avanzan, y la hoja se llena de rayos.
Después, Lunita se levanta para jugar con una pelota. La pelota rebota sobre una mesa: «¡Pum!»
La pelota salta a una cesta. Sale usando una corona de papel, y Lunita ríe mientras corre tras ella.
Al salir, Lunita lleva su dibujo y la corona torcida sobre la cabeza. El sol del papel asoma entre sus manos.
En casa, Lunita aprieta la mano de su familia. «Mañana quiero regresar». Desde su bolsillo suena: «¡Tilín!»