Nico entra al hospital. En el techo hay estrellas amarillas que brillan suave. La enfermera lo espera junto a la recepción.
La enfermera sonríe y le dice: «Tendrás una pequeña operación». Nico se detiene en seco y aprieta la borda de su chaqueta.
«¿Voy a sentir dolor?» —pregunta Nico con voz pequeña. La enfermera saca un cilindro plateado que gira en su mano.
«Es un sueño mágico» —responde ella. Nico asiente despacio y la sigue por el pasillo lleno de puertas.
Ante cada puerta un animalito se mueve: el león bosteza, la jirafa estira el cuello, el elefante parpadea. Nico va cambiando de expresión.
«Ese elefante me mira» —susurra Nico. La enfermera ríe y lo lleva a una habitación con una camilla grande.
Nico sube a la camilla y el colchón rechina. La enfermera coloca una máscara suave sobre su nariz.
Nico respira hondo y huele fresas. Los ositos de la pared cobran vida y flotan hacia él bailando.
Uno se posa en su pecho y le hace cosquillas. Nico ríe entreabriendo los ojos antes de cerrarlos del todo.
Nico abre los ojos. Las estrellas amarillas del techo brillan como siempre. La enfermera le coloca una pulserita en la muñeca.
«¡No me duele nada!» —exclama Nico. Corre a abrazar al elefante de la pared, que mueve la trompa y le acaricia la cabeza.
Nico sale del hospital dando saltitos y tarareando una canción nueva. Las estrellas amarillas parecen sonreír desde el techo.