Mia se deja caer por un hueco entre los árboles y aterriza sobre un musgo suave. Parpadea y mira hacia arriba, hacia el valle lleno de dinosaurios.
El dinosaurio grande y verde bosteza justo a su lado. Las hojas de los helechos le gotean en la cara. —Uau —susurra.
¡BUM! Una nube de ceniza sale del volcán. Tres rocas enormes caen de golpe al río. El agua se queda quieta.
Mia empuja con fuerza la roca más grande. Sus botas resbalan sobre la piedra mojada. ¡Tum! No se mueve nada.
Un dinosaurio pequeño se acerca cojeando y empuja la roca con el hocico. Tún, tún. La roca resbala hacia atrás. Los helechos empiezan a doblarse.
Cavar, cavar, cavar. El agua barrosa salpica por todas partes. La cola del dinosaurio grande y verde barre de lado y derriba la tierra con un ¡pum!, abriendo la zanja. Todos se tambalean.
Mia aplaude. ¡Todos a empujar! Se inclinan juntos y el dinosaurio bebé estornuda sobre la roca: ¡ACHÚS! La roca rueda y el río irrumpe con espuma blanca.
El agua rugue pasando junto a los helechos, que se enderezan de golpe. Mia se sienta en la orilla de musgo, con el pelo pegado a la frente, y se ríe. Un dinosaurio bebé apoya su mentón sobre su rodilla.