Mateo se queda en su cama mirando por la ventana. Las estrellas brillan como puntos de luz que parpadean. '¡Quisiera llegar hasta ahí!' susurra.
Mateo toma una caja de cartón y la dibuja con marcadores. Pega tubos de papel y un globo rojo en la parte de arriba. El cohete crujía suavemente cuando lo empujaba contra el suelo.
Mateo se sube al cohete y cierra los ojos fuerte. El cohete zumba, zumba, zumba y sale disparado por la ventana.
Las estrellas se acercan y el cohete tiembla al pasar entre dos planetas de rayas.
Mateo descubre un planeta hecho de almohadas gigantes. Salta y rebota, rebota, rebota en la superficie suave.
Se ríe tan fuerte que las estrellas a su alrededor parecen reír también.
El cohete viaja de vuelta por el espacio estrellado, cruzando los planetas de rayas otra vez.
Mateo regresa a su habitación y se acuesta en la cama. La ventana sigue brillando con estrellas lejanas.
'Mañana volveré a volar', piensa con una sonrisa.
Las estrellas fuera de la ventana parpadean un poco más fuerte, como si supieran que él volverá.
Todo queda en silencio. Solo el suave crujir de las sábanas y el zumbido lejano de los grillos.
Y en el espacio, entre los planetas de rayas y las almohadas que esperan, el cohete de cartón descansa con sueëño.