Elias encontró un trozo de tela naranja en el césped. La envolvió alrededor de su cuello. «¡Soy un superhéroe!», dijo con orgullo.
La tela olía a sol y era suave al tacto. De pronto, escuchó un grito de auxilio desde el columpio.
Vió a su amiga Maya con una pierna trabada en la barra alta. «¡No te preocupes, yo te salvo!», gritó corriendo.
Luego vio a Leo y su pelota roja más allá de un charco. Corrió y desplegó su capa sobre el agua.
«¡Usa mi capa como puente!», dijo. Leo dio un salto y aterrizó al otro lado. La pelota rueda hacia ellos.
Un perro grande ladra cerca del columpio y la niña se queda quieta. Elias corre hacia él y agita su capa.
«¡Aléjate, fiera!», ordena. El perro se detiene, ladea la cabeza y se sienta. La niña sonríe aliviada.
Elias se quita la capa y la dobla cuidadosamente. Sus amigos se acercan y lo abrazan.
«Gracias, héroe», dice Maya. Elias guarda la capa en su bolsillo y los tres juegan juntos en el parque.
Juegan reír y correr bajo el sol brillante del parque, entre los grandes árboles.