Haru corre por las calles de Tokyo con su monedero en la mano. Su bolsillo suena como una maraca cuando camina. Cada día guarda monedas para comprar recuerdos.
Haru llega a su tienda favorita y se detiene en seco. Los carteles nuevos dicen que los precios subieron muchísimo. El pequeño gato de cerámica cuesta ahora diez veces más que antes.
Haru cuenta sus monedas una por una. Diez, veinte, cincuenta — nunca alcanza. El vendedor sacude la cabeza con una sonrisa suave. Haru baja la cabeza y sus zapatos hacen clic-clac al alejarse.
El viejo dueño de la tienda lo llama: 'Ven aquí, niño.' Lo guía a un cuarto pequeño donde hay un álbum viejo sobre una mesa de madera. Haru se pone de puntitas para ver mejor las fotos.
El viejo le sirve té matcha en una taza calientita. Haru la sostiene con ambas manos y sonríe sin parar. El viejo le cuenta historias del barrio de antes. Haru ríe cuando el viejo imita al gato que vivía en la azotea.
De camino a casa, Haru no lleva nada comprado, pero su monedero ya no pesa tan poco. Al llegar, saca una libreta nueva y empieza a dibujar todo lo que vio.
Cada dibujo tiene un sonido escrito al lado: ring, cric-cric, bubb bubb. Haru cierra la libreta y la abraza fuerte.
Haru se queda dormido con la libreta entre sus brazos. En su almohada, el pequeño gato de cerámica lo vigila con sus ojos de pintura.