Julio Enciso corre hacia el campo. Las gradas explotan en gritos y silbidos. «¡Hola!» grita, levantando la mano. Una pelota perdida rueda por el pasto hasta sus pies. La detiene con un toque preciso y mira la portería. El estadio entero parece contener la respiración.
Julio Enciso avanza con la pelota. Un defensor se interpone. Otro más. Pero la pelota rebota en un montículo de césped y sale disparada. «¡Maldición!» —piensa Julio Enciso—. Corre tras ella entre gritos y silbidos. Sonríe al encontrarla y la devuelve a sus compañeros.
Uno, dos, tres pases rápidos. Julio Enciso y sus compañeros se mueven como un solo cuerpo. El balón vuela de pie a pie. Un compañero lo devuelve con el talón y el pase se eleva demasiado. «¡Cuidado!» grita un espectador y atrapa su gorra. Julio Enciso se prepara para el remate.
¡PUM! Julio Enciso dispara con todas sus fuerzas. La pelota choca contra el travesaño con un CLANG estruendoso y rebota hacia abajo. Queda flotando un segundo en el aire. Julio Enciso no se detiene. Sus músculos se tensan y vuelve a rematar con la bota derecha.
El balón rebota en el pasto y queda frente a él. El segundo disparo es inmediato. La pelota se clava en la red con un silbido. La portería tiembla. El estadio entero estalla — miles de gritos, palmas y cánticos. «¡GOLAZO!» se oye en todas las gradas al mismo tiempo.
La pelota se clava en la red. El estadio estalla. Julio Enciso cierra los ojos un instante y sonríe. Cuando los abre, todo es movimiento: compañeros corriendo, brazos levantándose, la hinchada ondulando como un mar. El balón descansa quieto dentro del arco blanco. El gol está hecho.
Los compañeros llegan corriendo. Lo rodean, lo abrazan, chocan las manos. Julio Enciso ríe entre abrazos y empujones felices. Levanta ambos brazos hacia las gradas y la hinchada responde con un rugido que hace temblar los asientos. El estadio entero celebra juntos.
Entre risas, Julio Enciso levanta los brazos hacia las gradas. «¡Esto es para todos!» grita, aunque nadie lo oye sobre el rugido del estadio. Los compañeros lo rodean, sudorosos y sonrientes. El esfuerzo compartido convirtió aquel momento en una victoria inolvidable. El campo brilla bajo las luces.