Isidora coge sus lápices de colores y empieza a dibujar en su taller.
De pronto, un dragón morado salta del papel y vuela en círculos. ¡Waaah!
Isidora se ríe y lo persigue mientras deja una estela brillante. ¡Allá voy!
El dragón sale volando por la ventana abierta. ¡Espera, dragón!
Isidora corre tras él y, con prisa, dibuja un bote en el aire. Ahora sí.
El bote se hace real y la sube. Juntos surcan un río de hojas doradas.
Isidora dibuja un sol gigante para calentar el río. Ya casi está.
El sol se desprende del papel y se convierte en una bola de fuego que persigue al dragón.
Isidora corre detrás de ambos, riendo y gritando de emoción. ¡Más rápido!
El bote choca contra una montaña de papeles y se desinfla. Oh no...
Isidora cae dentro de una montaña de dibujos voladores que la atrapan. Un dragónito la empuja hacia arriba con suavidad.
Isidora dibuja una puerta gigante en el aire y salta por ella. Cae de bruces en su taller. El dragón la guarda en sueños.