¡Joaquin ya está muy grande! Cada día aprende cosas nuevas. Hoy llega un amigo nuevo a casa. Mmm… ¿qué se esconderá dentro de esa caja?
¡Anda, es un orinal! Redondito, verde azulado y con orejitas de oso a los lados. Joaquin lo mira de cerca, por aquí y por allá. «¡Hola, amigo nuevo!»
Joaquin prueba a sentarse un ratito: despacio, sin prisa. «Mmm, ni muy alto ni muy bajo… ¡qué cómodo!» Al lado, el osito parece asentir.
Un poco de agua: glup, glup. Un poco de fruta: ñam, ñam. La barriga va preparando su señal, despacito. Bajo la silla, los pies de Joaquin se balancean contentos.
¿Eh? La barriga hace gluglú, gluglú… ¡Es la señal! Joaquin suelta los bloques, abre mucho los ojos y escucha con atención. «¡Ah! ¡Yo sé qué significa eso!»
¡Corre, corre, corre por el pasillo! Al fondo, el orinalito espera tranquilito, como un buen amigo. «¡Orinalito, espérame… allá voy!»
¡Bravo! ¡Joaquin lo ha conseguido de verdad! Chispitas de colores bailan en el aire y el osito celebra con los brazos en alto. Joaquin salta y salta. «¡Lo logré!»
Se tira de la cadena: ¡fuush! Después, a lavarse las manos: frota que te frota, hasta hacer guantes de espuma. «¡Mira, todo lo hice yo!» Joaquin enseña sus manos burbujeantes con mucho orgullo.
Otra estrellita dorada para el calendario. Una, dos, tres… ¡ya casi se completa la fila! Joaquin se pone de puntillas y pega la estrella con muchísimo cuidado, bien derechita.
«¡Adiós, pañales! Gracias por todo… ¡pero ya soy grande!» Joaquin levanta bien alto su ropa interior nueva de mayores y dice adiós con la mano, con una sonrisa enorme.