Pepe empuja la pesada puerta de madera y se asoma. Docenas de velas danzan sobre los altares, y pétalos de rosa cubren el pasillo central. El aire huele a cera derretida y jazmín. La fila de sillas vacías lo espera como un camino hacia algo importante.
Pepe camina despacio. En los bancos delanteros, un hombre y una mujer se miran sonriendo. Ella le acomoda el cuello de la camisa. Él aprieta su mano. Pepe se detiene, con la barbilla apoyada en sus dedos, y piensa: ¿Qué es lo que sienten?
El sacerdote toma dos anillos de una pequeña caja azul. De pronto, un perrito blanco se cuela por la puerta y salta al frente. ¡Se lleva un anillo con los dientes! Pepe da un respingo. Todos ríen, y el novio se arrodilla para ofrecerle la mano al perrito.
La novia se tapa la boca con ambas manos mientras ríe. Pepe no puede evitar reír también. El perrito gira en círculos con el anillo, tan feliz. Pepe susurra: «¡Miren eso!»
Los pétalos caen como lluvia dorada. La novia y el novio se dan las manos. Pepe se para detrás de una columna y susurra: ¿Esto es lo que sienten? Nadie lo oye, pero sonríe.
Pepe busca con la mirada a su abuela. Ella lo ve y lo abraza fuerte contra su vestido de flores. «Muy bien, mi amor», susurra. Los invitados aplauden y los pétalos caen sobre todos.
Pepe se queda abrazado a ella, sonriendo, sintiendo que ese momento es suyo y de toda su familia. Las velas se encienden más y más, y el salón se llena de luz.
La fiesta ya había empezado en el salón iluminado. Cadenas de luces y muchas flores adornan el techo. La novia y el novio bailan en el centro. Pepe se para en una silla y los observa.
Un anciano y una anciana se dan las manos y sonríen. Pepe los mira con los ojos muy abiertos, fascinado. La música suena alta y brillante. La abuela de Pepe lo toma de la mano.
Pepe corre hacia su abuela y se abraza a ella. El vestido de flores de ella gira mientras bailan. Todos aplauden. Pepe cierra los ojos y escucha la música, y sonríe.
Todo el salón brilla con luz dorada. Los pétalos caen otra vez, más suaves esta vez. Pepe y su abuela siguen bailando, y Pepe susurra: «Esto es bonito».
Al final, Pepe se queda dormido sobre el regazo de su abuela. Ella lo acaricia el pelo. El anillo brilla en la mesa, y todos los invitados se despiden sonriendo. Pepe sueña con lo que siente.