Thiago se sienta en la cocina con sus bloques magnéticos sobre las rodillas. Huele a cebolla dorándose. Los bloques hacen *click-click-click*.
Quiere construirle una casita a Llanta. Apila los bloques rojo y azul sobre sus rodillas. *Click, click, click.*
El castillete se tambalea… ¡ crash ! Se hace un desastre. Thiago aprieta los puños y suspira.
Intenta otra vez. Base más ancha. Paredes más gruesas. El castillete se sostiene… y luego se cae otra vez.
Lo vuelve a armar. Nada funciona. Thiago lo mira largo rato y apoya la frente en sus rodillas.
De pronto, los bloques se juntan solos. *Clack.* Se arma una casita entera, con portitas y ventanas brillantes.
Thiago se queda mirando la casita. Luego sonríe muy grande.
Coloca a Llanta dentro de la casita. La sube a la mesa de la cocina. La luz del sol brilla en los bloques.
Thiago se sienta junto a la casita. Se ve muy contento. Piensa: *Ahora Llanta tiene hogar.*
La casita brillaba bajo la luz del sol. Los bloques rojo y azul parecían un regalo.
Thiago apoya la barbilla en las manos y mira la casita. No la suelta ni un momento.
La cocina huele a cebolla. La luz sigue entrando por la ventana. Thiago sonríe.