Señorita Luna entró al aula con un cubo de pinturas y una caja de bloques.
Los niños se quedaron sentados en silencio mientras el profesor marcaba la lista.
Señorita Luna soltó una sola pelota roja sobre el piso de baldosas grises.
Los niños la miraban. La pelota rebotó hasta chocar contra la pierna del niño más callado.
El niño dio un respingo y soltó una risa inesperada.
"¡Eso fue divertido!" —exclamó un niño al lado suyo.
La pelota rebotó de nuevo. Otro niño la atrapó y la lanzó hacia arriba.
Los niños se levantaron de sus sillas. El aula ya no estaba gris.
Tomaron los bloques. Construyeron torres que tocaban el cielo imaginario.
Señorita Luna abrió el cubo de pinturas. Un niño mojó el pincel en rojo.
Las paredes comenzaron a florecer. Azules, amarillos, verdes, todos los colores.
El aula ya no era silenciosa. Era un lugar lleno de color, juegos y creatividad.