La oficina del dentista brillaba con juguetes y colores por todas partes.
Mia entró de la mano de Emma, apretando su dedo con fuerza. '¿Y si duele?' susurró.
La silla especial hacía brrrp-brrrp como un robot adorable.
Emma sonreía mientras encendía una estrella luminosa en el techo.
El dentista le ofreció una brocha que zumbaba como una abeja.
Le mostró un espejo con dibujos de peces de colores nadando por la pared.
Mia se miró los dientes en el espejo: brillaban como perlas.
Emma le dio un golpecito de cinco a todo lo alto.
La revisión terminó rápido, sin ningún dolor.
Mia salió de la oficina con la cabeza en alto.
Mostraba sus dientes relucientes a quien quisiera verlos.
Emma reía a su lado mientras salían al sol.