¡Plic, plac! ¡Plic, plac! Está lloviendo. majo pega la nariz al cristal frío y mira las gotas bailar por la ventana. Una, dos, tres… ¡qué rápido corren!
majo se abrocha el impermeable amarillo y, a saltitos, se pone las botas rojas. ¡Una bota, dos botas, listo! majo abre la puerta de par en par. «¡Allá voy!»
Los charcos parecen espejitos: dentro se ven las nubes y la cara sonriente de majo. Dos pasos atrás y… ¡majo salta! ¡CHOF! El agua estalla como una fuente de risas.
Un caracolito cruza el camino muy despacio, con su casita a cuestas. majo se agacha y sostiene una hoja grande sobre él. «Tranquilo, caracolito, ¡yo seré tu paraguas!»
majo hace un barquito de papel y lo posa despacito en el arroyito. El barquito se tambalea, da una vuelta ¡y sale navegando! majo corre a su lado gritando: «¡Corre, barquito, corre!»
«¡Cuac, cuac!» Un patito amarillo llega contoneándose y ¡plaf!, se mete en el charco. majo se agacha y le tiende la mano. «¡Hola, patito! ¿Jugamos juntos?»
¡BUM, BUM! Truena el cielo y el viento hace bailar las flores. majo se sujeta bien la capucha y respira hondo. «No tengo miedo: son los tambores del cielo».
La lluvia se detiene, las nubes se apartan y el sol se asoma. ¡Un arcoíris enorme cruza el cielo! majo abre los brazos y cuenta los colores: rojo, naranja, amarillo… ¡Qué bonito!
De vuelta en casa, majo sostiene una taza de chocolate calentito con las dos manos. Sopla, sopla… ¡y un sorbito! Mmm, qué calorcito. «Los aventureros también descansan», dice, mientras el impermeable se seca en la silla.
Por la noche, majo se acurruca con su mantita y piensa en los charcos, el barquito y el patito. ¿Lloverá mañana otra vez? Pensando y pensando, se le cierran los ojitos. Buenas noches.