¡Plic, plac! ¡Plic, plac! Está lloviendo. Piky pega la nariz al cristal frío y mira las gotas bailar por la ventana. Una, dos, tres… ¡qué rápido corren!
Piky se abrocha el impermeable amarillo y, a saltitos, se pone las botas rojas. ¡Una bota, dos botas, listo! Piky abre la puerta de par en par. «¡Allá voy!»
Los charcos parecen espejitos: dentro se ven las nubes y la cara sonriente de Piky. Dos pasos atrás y… ¡Piky salta! ¡CHOF! El agua estalla como una fuente de risas.
Un caracolito cruza el camino muy despacio, con su casita a cuestas. Piky se agacha y sostiene una hoja grande sobre él. «Tranquilo, caracolito, ¡yo seré tu paraguas!»
Piky hace un barquito de papel y lo posa despacito en el arroyito. El barquito se tambalea, da una vuelta ¡y sale navegando! Piky corre a su lado gritando: «¡Corre, barquito, corre!»
«¡Cuac, cuac!» Un patito amarillo llega contoneándose y ¡plaf!, se mete en el charco. Piky se agacha y le tiende la mano. «¡Hola, patito! ¿Jugamos juntos?»
¡BUM, BUM! Truena el cielo y el viento hace bailar las flores. Piky se sujeta bien la capucha y respira hondo. «No tengo miedo: son los tambores del cielo».
La lluvia se detiene, las nubes se apartan y el sol se asoma. ¡Un arcoíris enorme cruza el cielo! Piky abre los brazos y cuenta los colores: rojo, naranja, amarillo… ¡Qué bonito!
De vuelta en casa, Piky sostiene una taza de chocolate calentito con las dos manos. Sopla, sopla… ¡y un sorbito! Mmm, qué calorcito. «Los aventureros también descansan», dice, mientras el impermeable se seca en la silla.
Por la noche, Piky se acurruca con su mantita y piensa en los charcos, el barquito y el patito. ¿Lloverá mañana otra vez? Pensando y pensando, se le cierran los ojitos. Buenas noches.