Raúl Sebastián dio un tirón con su cola y salió disparado hacia arriba. Las burbujitas salían de sus branquias mientras dejaba atrás el arrecife de coral. El agua se volvía más clara y brillante.
Una mantarraya planeó cerca y le sonrió. Raúl Sebastián se detuvo en seco: unas patas grandes bloqueaban el camino. Un cangrejo cerró sus pinzas con un cric-crac metálico.
Raúl Sebastián nadó rápido alrededor de las pinzas. De pronto, una sombra enorme cubrió todo. Un tiburón se acercaba. Se metió en un agujero entre las rocas.
Sus escamas temblaron contra la arena suave. El tiburón pasó de largo. Una ballena lo empujó con su aleta hacia arriba. Raúl Sebastián rompió la superficie.
El cielo era azul enorme con nubes blancas flotando sin peso. Él vio sus burbujitas subir y subir hasta desaparecer. Sus escamas brillaron bajo la luz del sol.
La ballena se alejó nadando hacia las profundidades. Raúl Sebastián siguió subiendo solo. Las burbujitas subían y subían hasta perderse en la luz de arriba.
Raúl Sebastián regresó al arrecife. Todos los peces lo rodearon escuchando su historia. Él brillaba con cada movimiento.
Los demás peces también soñaban con ir hacia arriba. Raúl Sebastián cerró los ojos y sonrió. El arrecife entero brillaba como si fuera un cielo debajo del agua.