Gabriel pedalea en su bicicleta por el parque. «¡Gabriel!», llama papá desde el banco. Gabriel frena y se acerca despacio.
Papá y mamá tienen caras muy serias. Papá se agacha y dice: «Gabriel, pronto tendrás un hermanito.»
Gabriel no entiende. Mira la panza de mamá, luego sus propios zapatos. «¿Un hermanito?»
Esa tarde, Gabriel ofrece su osito de peluche a la panza de mamá. «Él te cuidará», susurra.
Después intenta cocinar, pero la harina se escapa del tazón. ¡Polvo blanco por toda la cocina!
Construye una cama de almohadas para el bebé. Se derrumba y ríe sin parar.
Papá entra, se ríe y lo ayuda a recoger todo. Juntos acomodan las almohadas otra vez.
Gabriel se sienta junto a mamá y pone su oreja cerca de su panza. No oye nada, pero sonríe.
De pronto, la panza se mueve. «¡Se mueve!», grita Gabriel, y abraza a mamá y a papá con mucha fuerza.
El sol calienta sus espaldas mientras se quedan así un rato, los tres juntos.
Al día siguiente, Gabriel va al parque con su bicicleta. Se detiene frente al columpio nuevo y señala.
«Ahora puedo compartir todo con él», piensa. El viento sopla suave y pedalea hacia casa.