Ian se sienta en la mesa con un papel blanco y un crayón amarillo. Raspa la hoja con fuerza mientras dibuja una figura feliz.
Dibuja una figura con los brazos abiertos y un corazón rojo. Él sonríe satisfecho y decide dejar el dibujo para su mamá.
Ian intenta pegar el papel en la nevera, pero se desliza y cae. Lo recoge y lo apoya contra un tarro de galletas.
El tarro se mueve pero no lo derriba. Él suspira de alivio y lo deja allí, apoyado contra la lata metálica.
Andrea aún no llega, así que Ian pone un posavasos azul sobre el dibujo para protegerlo. El posavasos es pesado, pero el dibujo asoma por un lado.
Ian se sienta en el suelo y espera, balanceando los pies. Mira hacia la puerta con paciencia.
Suena el timbre e Ian corre a abrir la puerta. Andrea entra, cansada, pero sus ojos se iluminan al ver el dibujo bajo el posavasos.
Ella lo levanta y ríe cuando nota que el corazón rojo parece brillar bajo la luz. Ian se sonroja y ella lo abraza.
Andrea pega el dibujo en la nevera, justo al lado de las fotos familiares. Ian se para en puntitas para verlo bien.
Mientras huele a pan tostado. Ella le guiña un ojo y ambos miran el dibujo mientras el sol se pone.