La Yegua del Cerro

"La Yegua del Cerro" es un libro ilustrado en estilo Xilografía protagonizado por un caballo blanco espectral, por Guest, para Edades 6–9 — creado con Doodara, el creador de cuentos con IA

por Guest · Xilografía · Edades 6–9 · caballo blanco espectral · 8 páginas

brave, gentle, helpful

protección y valentía silenciosa

De la niebla asomó un caballo blanco, y su pelaje brillaba como la luna llena. Un caminante se detuvo en seco. Sus ojos se abrieron como platos y su respiración se cortó en el aire gélido. Descorrió la mano del cartel de madera, bajó la cabeza y bloqueó el sendero. Nadie se atrevía a pasar.

Otro grupo llegó más tarde, con linternas y risas, ignorando el sendero prohibido. El caballo blanco movió la cola con fuerza. Polvo luminoso saltó a su alrededor, brillando como confeti en la oscuridad. El líder se rió, dio un paso adelante… y se encontró con el camino sellado.

Yegua se interpuso entre el grupo y un precipicio oculto por la niebla. El más pequeño extendió la mano, susurrando: —Es una amiga. El caballo bajó la cabeza despacio. El niño tocó su crin con los dedos temblorosos y el caballo cerró los ojos.

El caballo resopló, y la niebla se abrió como una cortina. Detrás, un sendero seguro serpentaba por la ladera, claro y firme. El grupo contuvo la respiración. —¡Gracias, fantasma! —dijeron, y uno de ellos se quitó la bufanda y la dejó en el suelo, como un regalo.

El caballo giró sobre sus patas y comenzó a trotar. Cada paso dejaba un rastro de luz en la tierra fría. El grupo lo siguió en silencio, maravillado, por el sendero que solo él podía mostrar.

Desde la niebla, el caballo observó cómo el grupo cruzaba el cerro. El niño que lo había tocado se detuvo un instante y alzó la mano. De su bolsa sacó una pluma blanca, la soltó, y la brisa la llevó hacia él.

La pluma blanca giró y giró, flotando sobre la niebla, y fue a posarse sobre el lomo del caballo. El niño sonrió y saludó con la mano. El caballo inclinó la cabeza, una sola vez, como diciendo adiós.

El caballo blanco se desvaneció lentamente, como humo que se disuelve en la noche. Solo quedó la luz tenue en el sendero, y el cartel de madera que seguía ahí, recordando a los que vendrían después.

Doodara

La Yegua del Cerro

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