Cuando los ojos de Salomé se cierran, un camino brillante de plumas y luz flota desde su almohada. Dibuja una puerta redonda en el aire. Del otro lado espera un reino donde todo es suave al tacto.
Salomé atraviesa la puerta descalza. Sus pies se hunden en la blandura. Sonríe sin poder evitarlo mientras las nubes con forma de estrella y el horizonte de terciopelo azul la reciben.
Simba, Vampirina, una capibara y el Capitán Panda aparecen entre cojines de colores. Un reloj de arena invertido marca el tiempo. Le entregan un mapa tejido con hilos de bruma. Salomé agarra el mapa y siente el impulso de avanzar.
Cruzan el Puente de Pluma Susurrante en silencio. Luego el Túnel de Risas reboncha risitas que hacen cosquillas a Salomé. Al final, el Capitán Panda apunta con su linterna hacia un muro alto y gris.
El muro no cede. Salomé aprieta el mapa y nota que sus amigas y amigos no retroceden. Juntos deciden intentarlo una vez más.
Salomé cierra los ojos y sopla sobre el mapa. Los hilos de bruma se desenredan y tejen una escalera que se enrosca contra el muro como una serpiente de seda.
Vampirina la guía desde arriba, la capibara empuja desde abajo, Simba y el Capitán Panda empujan juntos desde los lados. La escalera se fija. El muro tiembla.
El muro se abre con un chasquido. Sale un aire tibio con olor a algodón dulce. Salomé cruza el umbral sin mirar atrás.
Salomé cae de espaldas sobre su cama, sosteniendo un parche bordado en forma de estrella. A su lado, Simba, Vampirina, la capibara y el Capitán Panda duermen en sus peluches. La luna traza un rayo suave sobre la almohada.
La habitación está bañada en azul tranquilo. Salomé sonríe, cerrando los ojos con la certeza de que el reino está ahí, esperando. Mientras la luna seguía trazando su rayo suave sobre la almohada.