Pique se aplasta contra la corteza de un árbol retorcido, con las púas juntas. Un conejo pasa volando. Pique frunce el ceño.
« ¡Oh… estoy atascado! » Una voz finita, desde la bola espinuda. Pique asoma el hocico: un gusano diminuto, con las patitas enredadas.
Pique agarra una espina. Crac. Retrocede. Vuelve a intentarlo. Crac. El gusano gime.
Se mira la espalda rala. Luego, las espinas. Mismos ganchos. Pique se inclina, púas hacia adelante.
Pique empuja sus púas entre los tallos. Crec. Crec. Crec. Las espinas se abren.
El gusano se desliza, libre. Gira su cabecita y sonríe. El crepúsculo se tiñe de violeta a su alrededor.
Pique parpadea. Se abren unas alas: azules, venadas. Una mariposa cae sobre su hocico. Toc. Toc.
Alas suaves sobre el hocico. Púas justo debajo. La mariposa se queda, posada. Las primeras estrellas asoman entre las ramas.
Un ratoncillo sale de detrás de una raíz. No corre. Pique extiende una patita con púas. Ella la toma.
Se adentran bajo los árboles retorcidos, púas abiertas en la última luz. La noche suspira.







