Tres cerditos llegaron al claro soleado del bosque. Trufa sacó un ladrillo grande del montón. Los otros dos corrieron hacia la paja amarilla y las tablas de madera.
Trufa empujó el ladrillo y lo apoyó contra otro. ¡Rulé! El ladrillo rodó otra vez. Sonrió y sigui empujando.
Trufa amontonaba los ladrillos con cuidado. El cerdito de la paja tejía ramas y el cerdito de madera clava tablas. El viento soplaba —cric, cric, cric— y Trufa sonreía.
De pronto, un silbido fuerte cruz el claro: fueeee! El lobo lleg corriendo. Sopl sobre la casa de paja. Pum. La casa de madera tiembla.
Trufa entr rápido en su casa de ladrillos y cerr la puerta de golpe. El lobo jade, se frot la barriga y sopl con todas sus fuerzas. Huff, puff, blaaaaast!
Los ladrillos no se movieron. Nada. El lobo dio la vuelta y vio el tejado. Subió, pero sus patas resbalaron en la teja caliente. Splash! Cay de cabeza en el cubo de pintura roja.
El lobo sali despintado y corri lejos entre los rboles. Los tres cerditos salieron al claro. La casa de Trufa brillaba bajo el sol.
Los otros dos cerditos tocaron los ladrillos lisos y frescos. —Son muy fuertes —dijo el de la paja. Trufa les abri la puerta y los tres entraron juntos a descansar.