En el claro soleado, Leo y su mejor amigo tiran del mismo juguete de madera. Las hojas secas crujen bajo sus patas.
¡Crac! El juguete se separa de repente. Leo aprieta una mitad y grita: «¡Es mío!»
Leo empuja su mitad hacia su amigo. Después se aleja entre los robles sin decir una palabra.
Su amigo también guarda silencio. Solo una abeja zumba sobre la hierba soleada.
Leo intenta jugar solo. Pero el juguete rueda cuesta abajo y cae dentro de un tronco hueco.
Leo mete la pata en el tronco. ¡Boing! Una ardilla de juguete sale disparada, y Leo deja escapar un pequeño «oh».
Al anochecer, Leo encuentra a su mejor amigo junto al tronco. Avanza despacio con su bellota favorita.
Leo ofrece la bellota y dice: «Lo siento. ¿Jugamos juntos?» El viento susurra entre las ramas.
Su mejor amigo acepta la bellota y devuelve una mitad del juguete. Leo toma la pieza con cuidado.
Leo y su amigo juntan las piezas. ¡Clic! El juguete vuelve a estar completo.
Después corren por el claro, turnándose para empujar el juguete entre las hojas. ¡Rueda, rueda, rueda!
El juguete pasa de uno a otro. Entre risas y hojas crujientes, siguen jugando bajo los robles.