Leo empuja los helechos y escucha un gemido. Entre las hojas ve algo moverse.
Leo encuentra a un conejito con la pata atrapada. Sus cejas se fruncen, pero sus manos se abren con cuidado. El conejito tiembla, pero no huye.
Leo intenta soltar la rama con una vara, pero resbala. El conejito se escapa cojeando. Leo aprieta los puños, luego los abre.
Mira alrededor y ve una liana colgando. Su mirada se ilumina.
Leo envuelve la liana alrededor de la pata del conejito como una vendaje. El conejito se queda quieto.
Leo sonríe y le da un codazo suave. El conejito intenta caminar, todavía tambaleándose.
Un zorro asoma entre los arbustos. Leo se interpone de un salto.
Leo golpea una rama contra una piedra. El zorro se asusta y huye. Leo se coloca firme, sus brazos extendidos.
De repente, una seta brillante comienza a brillar bajo sus pies. Una luz azulada se expande por el bosque.
El conejito salta, moviendo su pata sin cojear. Se queda sentado frente a Leo. Él ríe y le acaricia las orejas.
El conejito se queda sentado frente a Leo. Sus ojos se entrecierran de alegría.
El sol brilla a través de las hojas, iluminando el bosque encantado. El conejito descansa cerca de Leo.