Leo señala la pantalla. Otro niño juega con un robot de dibujos. —Maestra —dice—, ¿qué es un robot?
La maestra se agacha y le sonríe, señalando la tableta que brilla. —La inteligencia artificial es como un cerebro invisible —explica— que aprende de las cosas.
Juntos descubren una tableta especial que dibuja cuando Leo le dice qué quiere ver. —Dibuja un perro —dice Leo; en la pantalla aparece un gato con bigotes enormes.
Leo prueba otra vez: ¡Un sol amarillo! La tableta dibuja un sol con rayos que parecen espaguetis. Se ríe, y la maestra también ríe.
—No, ese no es un perro, parece un gato —corrige Leo con cuidado. La tableta piensa un momento y luego dibuja un perrito con orejas caídas y cola moviéndose.
Una y otra vez Leo le pide cosas: un barco, una flor, una estrella. Cada vez la tableta se equivoca un poco menos, y los dibujos van mejorando.
Leo cierra suavemente la tableta y la guarda en su lugar. Mira a la maestra y dice: Entonces la IA es como un amigo que aprende de mí.
Leo se sienta en su banco y toma sus crayones. Ahora dibuja primero y luego le cuenta a la tableta qué quiere que dibuje también. La sala de clase está llena de risas.