Lia se detiene en la puerta del salón. Sus zapatos rayados no se mueven del tapete. Una mariposa de papel cae del techo. Ella la observa temblar y suelta un pequeño «ah».
La maestra se arrodilla y abre los brazos. «Entra, Lia», dice. Lia mira sus brazos, luego sus zapatos, y el labio inferior le tiembla — solo un poquito.
La maestra abraza a Lia y susurra: «Los abrazos siempre regresan». Cuando la suelta, Lia sostiene una flor de papel con pétalos dorados. Una segunda mariposa de papel sale de sus pétalos.
Corren hacia el jardín colorido y la flor de papel en la mano de Lia empieza a brillar. «¡Mira!» dice la maestra.
La flor canta una melodía. Las flores reales se balancean y las dos mariposas de papel hacen bucles en el aire.
Lia ríe y toma la mano de la maestra, jalándola a dar vueltas entre las flores. La primera mariposa de papel aterriza en una maceta.
Lia sostiene la flor de papel brillante en alto como una bandera. La mariposa en la maceta extiende las alas. El jardín parece sonreír.
La mariposa se eleva otra vez y se posa en la flor de papel. Lia sonríe y la maestra la mira con cariño.
«Ya no tengo miedo», susurra Lia para sí. La maestra asiente y le ofrece la mano. Lia la toma sin dudar.
Caminan juntas por el sendero del jardín. La flor de papel brilla suavemente en la mano de Lia. Las mariposas las acompañan.
Lia se detiene y mira hacia el salón. La puerta está abierta. Por primera vez, se gira y avanza sin mirar atrás.
El jardín entero parece recibir a Lia. Las flores se inclinan hacia ella, las mariposas danzan, y la flor de papel canta una canción nueva.