La dragona entra en su cueva de cristal. ¡Estornuda! ¡Puf! Una llama le sale de la boca larga y quema un agujero negro en la pared brillante.
La dragona se cubre la boca con las patas y baja la cabeza. Los cristales del techo parpadean con luz tenue.
De pronto, el viento aúlla entre las montañas. Las hojas bailan locas y un grito de huracán recorre el valle. La dragona sale de la cueva y ve cómo el frío cubre todo de blanco.
Las gotas de lluvia se congelan en el aire y caen como pequeñas piedras de hielo. La dragona mira su boca larga y da un paso atrás.
El río se congela y forma un muro de hielo que bloquea el paso. Conejo y Liebre empujan el hielo: ¡push, push! Pero el hielo no se mueve.
La dragona mira sus patas, mira la boca larga y da un paso atrás. Ella pensó: "Yo no puedo hacer esto..."
La dragona cierra los ojos, inspira el aire frío y sopla fuerte. ¡Fffff! Una llamarada dorada sale de su boca larga y toca el hielo.
El hielo se derrite y el agua empieza a fluir de nuevo. Los animales salen corriendo y el valle brilla bajo la luz del sol que vuelve.
Los animales rodean a la dragona y la levantan en alto: "¡Viva, viva!"
La dragona sonríe y abre la boca larga sin taparla. El cristal de su cueva refleja la luz como mil estrellas pequeñas.